Hospital Sant Joan de Déu Barcelona
View company profile →
GRACIAS :)
Querido equipo del Hospital Sant Joan de Déu, Les escribimos estas líneas con el corazón todavía lleno de emoción, agradecimiento… y unas cuantas ojeras felices. Somos Facundo y Virginia, una pareja de argentinos recién llegada a Barcelona. Llegamos en febrero, con maletas llenas de sueños, incertidumbres… y una panza de siete meses que no pasaba desapercibida. Venir a un nuevo país siempre es un salto de fe. Pero hacerlo con una hija en camino es directamente tirarse a la pileta sin saber si hay agua. Cambio de casa, de trabajo, de idioma, de acento... ¡y encima estábamos por convertirnos en padres primerizos! En medio de todo eso, solo sabíamos que queríamos que nuestra hija naciera en un lugar que nos diera tranquilidad, confianza y, sobre todo, humanidad. Muchos conocidos no tenemos, así que después de consultarles a ellos y también a desconocidos, (camareros simpáticos y hasta a la empleada del banco) todos los caminos nos llevaron al Hospital Sant Joan de Déu. Y qué buena decisión tomamos. Desde el primer día, nos impactaron las instalaciones: limpias, luminosas, con animalitos en las paredes que nos sacaban sonrisas nerviosas. Pero, sin dudas, lo que hace especial a este hospital no son sus paredes, sino su gente. El verdadero tesoro está en la calidez de cada persona que nos cruzamos: desde la recepción hasta las enfermeras, médicos, matronas, administrativos, hasta empleados del restaurante. Todos con una sonrisa que no parecía de turno, sino de vocación. Los días previos al parto nos sentimos cuidados, escuchados, acompañados. Y el día del parto, ese día largo e inolvidable, fue todo lo que esperábamos y más. La mamá pasó más de 12 horas en la sala de partos, rodeada de un equipo que no solo hizo su trabajo con profesionalismo impecable, sino con una empatía y ternura que jamás olvidaremos. Cada monitoreo, cada control, cada cambio de turno… venía acompañado de una sonrisa distinta, pero con la misma calidez. El parto fue respetado, humano, amoroso. Nos explicaron cada paso, nos contuvieron en cada duda. Y cuando finalmente nació nuestra hija Ana, sentimos que no estábamos solos. Estábamos rodeados de una familia enorme de batas blancas y corazones cálidos. Pasamos dos días en una habitación, donde cada tanto golpeaba la puerta un nuevo "extraño" de bata blanca pero con el mismo cariño de siempre. Médicos, enfermeros, auxiliares… todos con una mezcla perfecta de ciencia y amor. Como si el hospital fuera una gran casa y nosotros, huéspedes muy esperados. Y no podemos dejar de mencionar uno de esos gestos que parecen pequeños, pero que nos tocaron profundamente: el cartelito con el nombre de ANA en su cunita. Ese detalle tan simple y tan lleno de amor nos arrancó una lágrima (¡una más!) y nos recordó que cada bebé que nace allí es recibido con identidad, con calidez, con humanidad. No tenemos suficientes palabras para agradecerles. Nos sentimos cuidados, acompañados, contenidos y sobre todo, profundamente queridos. En un momento tan vulnerable, ustedes nos regalaron confianza, serenidad y hasta alegría. Gracias por ser parte de esta historia que vamos a contarle a Ana cuando crezca. Y gracias por enseñarnos que, incluso en los momentos de mayor incertidumbre, hay lugares —y personas— que pueden hacer que todo esté bien. "La gente olvidará lo que dijiste, olvidará lo que hiciste, pero nunca olvidará cómo los hiciste sentir". Maya Angelou. Con inmensa gratitud, Facundo, Virginia y la pequeña Ana